Calibre Erotikorto.
Autor: Fran Laviada. 2017






Portada.

Ebook

Papel


Presentación.


Con una diminuta pistola en forma de bolígrafo, se disparan balas transformadas en textos cortos para que el aroma de la concupiscencia invada los pequeños momentos de soledad, en los que a falta de un sublime cuerpo femenino con el que disfrutar, ponemos en juego nuestro principal órgano sexual, el cerebro.

   En este libro se ofrecen al lector una serie de relatos, a los que se añaden otros textos cortos y al mismo tiempo calientes, y que están relacionados con los instintos amatorios del ser humano y todo lo que se deriva de ellos.

   ¿Erótico? ¿Lujurioso? ¿Sucio? ¿Obsceno? ¿Quizá amoroso? ¿Y si va todo junto?

   ¿Acaso no vivimos en un mundo en el que todo se mezcla en una especie de cóctel del disimulo, en el que se añade incluso la hipocresía y la inmoralidad de los que más defienden la decencia?

   Cuando el exceso de mojigatería hace que muchos se escandalicen con lo que ven sus ojos, la opción más acertada es tapárselos o no mirar, y en todo caso, la indecencia siempre está en lo que ve (o quiere ver) el gazmoño, y no en lo que hace el prójimo con su libre albedrío y sin meterse con nadie.

Este es uno de los relatos del libro para ir haciendo boca...

El jardinero debutante.

Yo asentí, mientras ella comenzó a desabrocharse los pantalones, se los quitó, después se bajó las bragas, quedándose en pelota de cintura para abajo, se acercó al bidé, y procedió a un lavado de las partes donde se centraba el meollo de la cuestión. Una vez limpia y seca la zona de maniobras, que se asomaba a mi vista, y que ella me mostraba sin recato y con malicia (¡bien intencionada, por supuesto!), se sentó,  mientras sus muslos, se iban separando haciendo que las rodillas estuvieran cada vez más distantes una de otra, hasta que apareció un Monte de Venus, con su delicadamente arreglado felpudo de bienvenida (¡estás en tu casa!), formado por un pelo negro, muy corto y ligeramente rizado, una especie de jardín de las maravillas, en el que yo iba a debutar de jardinero (casi debutar, pues ya me había medio estrenado, con alguna guarrilla de la Facultad, aunque tan inexperta como yo, con lo cual, el estreno fue un visto y no visto, es como el futbolista que juega su primer partido con la Selección Española, y está en el campo tan solo un minuto, a todos los efectos se puede decir que ya es Internacional, aunque no le haya dado tiempo a tocar el balón, ni con la mano), sustituyendo las tijeras de podar, por el órgano móvil y flexible de mi cavidad bucal, y con toda naturalidad, como si ella, tan solo hubiese procedido a hacer algo tan frecuente y sencillo...


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