Las Historias de Franky.
Historias inventadas que pueden ser verdaderas.



Libros para levantar el ánimo.

© País SA. ¡Tenemos de todo!

Poltroneros a perpetuidad que nunca quieren dejar su cargo.

Muchos desahucios y demasiados embargos.

Miedosos y flojos de barriga que nunca salen del retrete.

Uno que se creía listo y resultó ser un zoquete.

Falsos alquimistas.

Redentores de andar por casa.

Perdonavidas que fracasan.

Nuevos ricos con mucha tripa.

Gente con mucha jeta que nunca pasa por caja.

Bastantes chorizos.

Punkis con pelos de erizo.

Falsas brujas que no saben hacer hechizos.

Alonsos de autopista.

Estómagos agradecidos.

Estresados equilibristas.

Muchos prepotentes.

Y mucha cirugía estética.

Pechos grandes como tiestos.

Sujetadores pequeños que los aprietan con empeño.

Tíos con los huevos bien puestos.

Y otros serviles que solo hacen lo que les mandan sus dueños.

Vidas travestidas.

Otros siempre con careta.

Personas muy salidas.

Cerebros en clausura.

Calentones de aúpa.

Serpientes que viven de la usura.

Biografías que hacen pupa.

Rebeldes reciclados.

Bastantes memos y algunos tarados.

Muchos chivatos.

Y demasiados infelices que nunca rompieron un plato.

Ratones de oficina.

Gigolos para cincuentonas.

Falsas beatas que se acicalan para andar por casa.

Alpinistas de la vida.

Ingenieros de pacotilla.

Vendedores de pastillas.

Y bastantes tiranos que se les va la mano.

Tías que engatusan con ojos de gata.

Tíos que siempre vuelven a meter la pata.

Billeteros sin billetes.

Inocentes con grilletes.

Imbéciles y sinvergüenzas.

Impresentables y veletas.

Y algún bobo que se arruina por un par de tetas.

Predicadores de falsos sermones.

Vendedores de palabras huecas.

Falsos Mahomas que no vienen de La Meca.

Charlatanes con etiqueta.

Iluminados profetas.

Ineptos y rufianes.

Cuentista y holgazanes.

Pedantes.

Llorones itinerantes.

Envidiosos.

Matones grandes como osos.

Enormes cuernos y no de toros bravos.

Mentes privilegiadas.

Atrevidos malabaristas.

Silenciosos carteristas.

Blancas Nieves y Cenicientas.

Vecinas chismosas como cotorras deslenguadas.

Un consolador desconsolado.

Reincidentes pelmazos.

Algún presuntuoso licenciado.

Vendedores omnipresentes.

Adivinos de la mente.

Muchos contertulios aburridos (de aburrir al personal).

Algunos genios un poco idos.

Bailarines de salón.

Chiflados que corren un Maratón.

Músicos de pandereta.

Duros de oído.

Y otros que no tocan ni la trompeta.

Barrenderos sin escoba.

Payasetes de tuna.

Terroristas de la radio.

Beduinos sin dromedario.

Algún ingenuo estafado.

Una falsa princesa.

Muchas víctimas del desamor.

Corazones rotos.

Heridas sin cicatrizar.

Y mucho atolondrado medio tuerto.

¡Ten cuidado, que no te lleven al huerto!

¡En el país de las maravillas, si metes los dedos donde no debes, seguro que te los pillas, y hay que espabilar para que no te puedan seguir dando, y dejarte el trasero, como para tener que sentarte en dos sillas!


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Supongamos que soy un hombre, un macho, aunque también puedo ser una mujer, una fémina, en todo caso soy un individuo que piensa, que siente, que me rasco, que dudo y que como todos los individuos más o menos normales tengo las necesidades normales de cualquier ser humano normal.

   Si fuera mujer podría llamarme por ejemplo Dolores López o Mónica Rodríguez, quizás Lucía García, pero no, rima con el apellido y no me gusta mucho, prefiero Sandra Avellaneda, creo que suena más rotundo y me da sensación de tía buena, por lo menos a mí me lo parece, aunque pensándolo bien creo que voy a adoptar un nombre masculino, por ejemplo Ángel Huerta, aunque suena un poco celestial por una parte y campesino por otra, quizás, Manolo Díaz, aunque me parece demasiado básico. Hay tantos nombres que podría escoger, porque aquí el que decide como me voy a llamar soy yo y solamente yo, que para eso soy el autor y no tengo que ceñirme a ningún guion, tampoco admito imposiciones de nadie, incluso también pienso que el nombre no es demasiado importante lo que cuentan son las ideas ¿verdad?, aunque ahora se me ocurre uno que me gustaría porque tiene origen italiano, Renato Corleone, sí ya sé, suena a mafioso, ¡así qué fuera! ¿Y qué tal Ricky Júpiter? Este tampoco, me recuerda a nombre de estrella del Pop de los 80 caído en desgracia. Pues no sé, quizá algo que me identifique con uno de esos artistas inclasificables, que hacen de todo, cantan, presentan, pintan, escriben y salen anunciando “lo que sea” en la tele, manteniendo en todo lo que llevan a cabo, una “regularidad” pasmosa, en el sentido, de que todo lo que hacen, lo hacen mal.

   ¿Qué tal Humberto Piedeloro, o Bruno Antofagasta? ¿Y Everaldo Monteagudo? ¿Arsenio Arenilla? ¿George Flynn?, con este seguro que “doy la nota”, ahora que está tan de moda todo lo anglosajón, sobre todo en internet (Banner, Chat, Cracker, Download, Firewall, Home Page, Javascript, Post, Webmaster, y así podríamos seguir recitando, que llegaríamos caminando hasta el Polo Norte y todavía nos sobrarían palabras. ¡Viva el castellano, Miguel de Cervantes y la madre que lo parió!).

   Descartados, los nombres y apellidos extranjeros, hay que defender lo español (bueno, todo lo que es defendible, porque hay cosas que no las podrían defender ni Piqué ni Sergio Ramos disfrazados de abogados), así que voy a seguir dándole vueltas a la cabeza, a ver que se me ocurre…

   ¡Creo que ya lo tengo!, he decidido llamarme Pablo Arilla, pero les prohíbo que hagan rimas fáciles con mi apellido, que si zapatilla, ladilla, hebilla, maravilla, y todos los “illa” que se les ocurra.

   Ahora que ya saben ustedes como me llamo (supuestamente), puedo empezar a contarles lo que pienso de tantas y tantas cosas que me pasan por la cabeza, algo que sin duda sería bastante largo de detallar, así que prefiero lo vayan descubriendo poco a poco.

   Posiblemente no me conozcan nunca personalmente pero bueno, eso es lo de menos, no es relevante ni importante, soy un ser humano como tantos y tantos que van y vienen, que se paran de repente y que de igual forma se ponen a correr. Un ser humano con los mismos miedos, inseguridades, frustraciones, alegrías, tristezas, decepciones y un sin fin de defectos y también virtudes, por que no decirlo, que todos ustedes.

   No estoy seguro de que vuelvan a oír hablar de mí, o quizá aparezca por aquí con frecuencia. Soy alguien que vive la realidad pero no soy real, bueno igual me estoy liando un poco y no se trata de confundir a nadie, así que lo dicho, puede que sepan cosas mías o me esfume en el aire como un fantasma, algo que no sería mala idea, porque viendo cómo está el mundo, sería muy emocionante (interesante, cuando menos), estar ahora en la Tierra, y en unos segundos aparecer en otro planeta, de otro mundo, de otra galaxia, de otro…



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¡Riiiiiiiiiing…Riiiiiiiiiing…Riiiiiiiiing...!
- Dígame.
- ¡Hola Manolo, soy Marga!
- Dime cariño.
- Pues nada, te llamo para decirte que quedamos a las ocho, en el Bar de Carlos.
- ¡Vale, estupendo, a las ocho!
- Oye Manolo, pero si al final llueve, mejor vienes hasta casa a buscarme, porque acabo de ir a la peluquería, y ya sabes que en cuanto se me moja el pelo, me queda como un auténtico estropajo.
- Muy bien cari, no hay problema, si llueve saco el coche y voy a recogerte.
- ¡Manolo!, pero a las ocho en punto, ya sabes que no me gusta esperar y tú sueles ser bastante impuntual.
- ¡Vale Marga!, a las ocho en punto estoy en el portal de tu casa.
- ¡Ah!, se me olvidaba Manolo.
- Dime corazón.
- Que había pensado, que ya que vas a sacar el coche, podrías pasarte antes por la tintorería y me recoges un vestido que dejé el otro día, me dijeron que para hoy seguro que estaba listo, y ya que vienes para aquí, me lo subes a casa, así puedo ponérmelo mañana.
- Muy bien cari, pero el problema es que ya sabes que donde vives es muy difícil aparcar y si tengo que subirte el vestido a casa, ¿dónde dejo el coche?
-¡Ay, Manolo!, siempre poniendo pegas para todo. A dos manzanas de mi casa ya sabes que hay un parking. No creo que sea mucho problema que dejes allí el coche y luego vienes caminando hasta mi casa, son cinco minutos, así vas dando un paseo, que te viene muy bien, a ver si bajas un poco de tripa, porque últimamente te estás inflando como un globo.
- Vale Margarita, lo que tu digas, hasta las ocho pues.
- Espera Manolo, que estoy pensando que si llueve, acuérdate de llevar un paraguas en el coche, porque si no desde el parking hasta mi casa se me va a mojar el vestido.
- Bien, llevaré un paraguas, ¿algo más?
- No cariño, bueno sí, acuérdate que la tintorería cierra a las siete y media, así que procura no ir con el tiempo justo, no vaya a ser que cuando llegues esté cerrado, ya sabes que mañana es sábado y no abren.
- Si pero, es que a las siete y media es cuando salgo de la oficina, no me va a dar tiempo.
- Manolo, por favor, pon algo de tu parte, no creo que por que le digas a tu jefe que te deje salir un cuarto de hora antes, vaya a pasar algo, ¿no te parece?.
- Marga, es final de mes y ya sabes que los últimos días siempre tenemos mucho barullo.
- ¡Vaya hombre!, todo son pegas, cuando quieres ponerte negativo no hay quien te gane.
- Bueno amor, no te enfades, ya me arreglaré, le pediré a algún compañero que haga algunas cosas por mí y procuraré salir con antelación suficiente para que me dé tiempo a recoger tu vestido.
- Eso ya me parece mejor Lolín, cuando quieres, y piensas con calma, ganas mucho.
- Gracias cielo.
- Por cierto Manolo, ¿supongo que te has acordado de reservar mesa en Chez Françoise?
-¿Chez Françoise?
- Sí Manolín, que no te enteras, el nuevo restaurante francés que inauguraron la semana pasada.
- Pero Marga, ¿no me dijiste que querías cenar pizza?, yo donde reservé fue en el italiano de siempre.
- Pero vamos a ver Manolo, si sabes que me encanta la comida francesa, y si hay un nuevo restaurante francés en la ciudad, lo normal es que vayamos, además estoy segura de que te lo dije, lo que pasa que eres muy olvidadizo. Si fuera para ir a comprar entradas para el fútbol seguro que te acordabas.
- Vale, vale, me lo habrás dicho y se me habrá olvidado.
- Seguro Manolo, seguro.
- Bueno, no pasa nada. Llamaré a la pizzería para hacer la anulación y luego al francés para reservar.
- Muy bien, bueno te dejo que tengo que hacerme las uñas. Procura ser puntual.
- Vale Marga, un beso.
- Otro para ti Lolo.
   Las ocho.
   ¡Riiiiiiiiiing…Riiiiiiiiiing…Riiiiiiiiing...!
- Siii...
- Manolo, que al final no vamos a poder salir.
- Pero cariño, ¿qué es lo que pasa?
- Manolo, imprevistos de última hora, mi hermana, que la ha llamado su novio y han tenido una bronca enorme y ahora ella está hecha polvo y tengo que quedarme para consolarla, ¿tú lo entiendes verdad?
- Pero es que le he pedido permiso al jefe para que me dejara salir antes, he llamado al italiano para anular, al francés para reservar, he dejado el coche en el parking, he caminado cinco minutos bajo el agua con un paraguas plegable enano que solamente daba para tapar tu vestido y ahora que estoy aquí abajo en el portal de tu casa, me dices que no sales.
- Bueno Manolo, ponte en mi lugar, mi hermana está hecha polvo.
- Y yo calado hasta los huesos y con tu vestido en la mano como un idiota, por lo menos ábreme la puerta del portal así no me sigo mojando y por favor baja por lo menos a recoger el vestido.
- Manolo, ¿no me puedes subir tú el vestido?, es que estoy en bata y zapatillas.
- Lo que me faltaba Marga, al final además de cornudo, apaleado.
- Qué trágico te pones Manolín. Te abro…

  Las diez. Manolo de vuelta en su casa.
  ¡Riiiiiiiiiing…Riiiiiiiiiing…Riiiiiiiiing...!
- Siii
- Manolo soy Marga,
- Hona Manga… aaghchis…
- Que mal se te oye Manolo, hablas de nariz…
- Tegno un constipado de la hogtia.
- No será nada hombre, no seas quejica. Pues nada, que mi hermana ya lo arregló con su novio, él, al final se bajó los pantalones, y como no podía ser de otra forma, le pidió perdón, vamos, lo que hacéis todos cuando le veis las orejas al lobo, y os volvéis unos calzonazos.
- Buenno Manga, aagachís, ¿pa que me llamas?
- Pues pa salir Manolo, que poca intuición tienes, te abrigas bien, eso es un resfriado de nada, y a la calle, que tengo gana de ir por fin al francés.
- Pero…
- Ni pero, ni pera, ni manzana Manolo, no seas egoísta, solo piensas en ti.
-¿Qué solo pienso en mí?
   Sí Manolo, ahora me apetece salir, estoy muy estresada y necesito relajarme, ¿No lo entiendes?, deberías de dejar de pensar por un momento solo en ti, y ser más solidario conmigo.
- Lo entiendo Marga, ¿sabes?, creo que ya estoy mejor.
- ¿No lo ves Manolín?, querer es poder, así que pasa a recogerme dentro de un cuarto de hora, ¿vale?
- Marga, que se me olvidaba decirte, que ya estoy mejor, pero para decirte: ¡QUE TE VAYAS A LA MIERDA!, y eso de que todos nos bajamos los pantalones, déjalo para tu futuro cuñado, adiós Marga, que te den…
- ¡MANOLO, ERES UN HIJO DE…!


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Son pocas las noches en las que soy capaz de dormir más de seis horas seguidas. Y es que a partir de ciertas edades (cuando más o menos ya coqueteas con el medio siglo de existencia), cuesta mucho más trabajo mantener los ojos cerrados, y mucho menos, el tiempo que lo hacías cuando eras adolescente, pero es lo que hay. Bueno, sigo con lo que quiero contar. Una mañana rara, lo digo porque precisamente en esa ocasión había logrado estar cerca de siete horas acurrucado en los protectores brazos de Morfeo, ¡y además, sin pesadillas! (y sin pastillas, que tiene todavía más mérito), bendecido por unos sueños, que podría definir cuando menos, como estimulantes, y que por pudor no voy a contar, ni muchos menos entrar en detalles concretos, ¡pero fue la hostia, vaya escenas! Tenía la sensación de estar metido en el rodaje de una película erótica (dicho con suavidad) dirigida por Tinto Brass, y yo era el protagonista, ¡qué pena que el sueño terminó!, espero poder volver a retomarlo en breve, y que la “peli”, que se rueda en el plató de mi cama, tenga tantas partes como la saga de Rocky.

    Siguiendo con la historia, había empezado el día lleno de entusiasmo, pues las horas dormidas, habían aumentado de manera considerable, la cantidad de mi combustible vital, lo que dio como resultado, que mis depósitos energéticos estuviesen llenos de positividad (ya se encargarían los acontecimientos del día, en hacerlos bajar).

Salgo de casa, y ni miro para el ascensor, y es que, para bajar las escaleras no me hace falta (y muchas veces para subirlas tampoco, una estupenda terapia, que recomiendo a todo el mundo, en especial a los que tienen exceso de “lorzas”), llego al portal y cuando me dispongo a salir a la calle, me encuentro con Doña Bulldog (la llamo así, porque tiene cara de perro rabioso), que siempre me mira con cara de asco y qué jamás se ha dignado a devolverme los ¡buenos días! (o ¡buenas tardes!, según la hora del día, en la que por desgracia se planta delante de mí, como si fuese una aparición fantasmagórica) cuando me cruzo con ella. Durante bastante tiempo, he estado poseído por una estúpida ingenuidad, llegando incluso a pensar que la señora, dada su edad (andará cerca de los setenta), se había quedado sorda, pero, simplemente es una “maleducada”, así que durante un tiempo, dejé a un lado mis buenos modales, y pasé de ella como de la mierda, cada vez que su “careto perruno”, se atravesaba en mi camino, ya que lo que se merece una persona sin educación, es que no seas educado con ella, aunque en este caso, lo único que hice fue ignorarla. Sin embargo como ya dije


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