Escaparates de la vida diaria.
Imágenes de la rutina existencial. El ser humano en su vitrina.



El miedo es despiadado, y ejerce su profesión con absoluta disciplina y gran dedicación, por eso nunca hay que ponerle las cosas fáciles, y mucho menos abrirle la puerta, algo, que los seres humanos solemos hacer con frecuencia, incluso antes de que el miedo llame al timbre. Otras veces, sin embargo, el miedo no existe, tan solo es fruto de nuestra imaginación porque al otro lado de la puerta no hay nada, tan solo un espacio oscuro, que con decisión hemos de atrevernos a ocupar, sin temor a lo que podamos encontrar en su interior.

El miedo se manifiesta de diversas formas. Existe un miedo positivo, que actúa muchas veces como salvador, es como una especie de alarma que nos avisa del peligro. Sin embargo, hay otro miedo perverso, el tóxico, ese que siempre nos bloquea y que muchas veces nos destruye interiormente. Es un miedo paralizante al que siempre hemos de enfrentarnos con una gran dosis de confianza en uno mismo, porque es un excelente remedio para vencer a esa especie de fantasma que surge de las oscuras tinieblas de nuestro cerebro en su versión más retorcida.


















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