Zancadas.
La carrera diaria para seguir adelante.

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Cada día es un paso más que damos en el recorrido de la existencia. Se puede ir a mayor o menor velocidad, eso depende de la capacidad, disciplina y necesidades de cada uno. Unos vamos más rápido y corremos, otros lo hacen más despacio y caminan. En uno y otro caso, lo que se trata es de no parar, de avanzar, de exprimir al máximo todo el jugo de la experiencia. El mundo está en movimiento continuo, y la inmovilidad devora a los que se quedan atrás.

   Una historia, un pensamiento, una duda, una anécdota, un cuento, una reflexión, una charla, un "rollo" (bueno o malo), un reto, un problema, un relato, una circunstancia, una motivación, una fantasía, un "cruce de cables", un proyecto, una lectura, un descubrimiento, una canción, una frase, un poema. Algo con lógica, algo absurdo, luces y sombras, respirar, sentir, pensar, vivir a tiempo completo. Caminar, caer, levantarse, seguir...   Ya se sabe aquello que decía que nada es verdad, y nada es mentira, todo depende, en este caso, del color del día.



  Hoy mi cerebro vuela libre como un pájaro que se pierde en la inmensidad de un oscuro silencio.

  Hay días en los que me siento tan vulnerable como esas finas y delicadas capas de hielo, que en invierno cubren los ríos, y que pueden resquebrajarse con el simple golpeo de una pequeña piedra lanzada desde la orilla.

   Me acordé de algún momento de breve felicidad, de otros tiempos de estimulantes ilusiones, y cuyo trayecto fue tan corto como el de una gota de lluvia que suavemente se desliza por el cristal de una ventana.

  El día es negro, pero no me queda más remedio, que buscar la luz en medio de la oscuridad, algo que tan solo yo puedo hacer, solo de mí depende.

  Hoy me he levantado con mucho apetito, pero siento que mi estómago no necesita alimento, debe de ser que tengo el alma desnutrida.

   Estoy de resaca, creo que ayer bebí más de la cuenta, por eso hoy tengo la cabeza como un auténtico basurero, en el que se van amontonando pensamientos negativos, que cada vez huelen peor, y es que el pesimismo, es lo que tiene, un olor nauseabundo que invade todo lo que me rodea.

   Sigo con restos de alcohol en mi cuerpo, aunque hoy estoy un poco mejor, así que me vuelvo a refugiar en mi imaginación para evadirme un poco de la realidad, protegido con el escudo de la ficción, esa que tantas veces consuela a los perdedores en la derrota.

  Me acabo de levantar y nada más abrir la ventana, he sentido el efecto positivo de un vigorizante aire que la mañana me regala, Siempre es una estupenda manera de comenzar el día. Aunque por desgracia, la experiencia me dice, que no siempre lo que comienza bien, finaliza de la misma forma, pero he de esperar a la noche para comprobarlo.

   La luz ya había hecho acto de presencia. Estaba en el exterior, inquieta, y con ganas de entrar en mi habitación, y así lo hizo, sin que nadie la invitara, aunque no hacía falta, ya que siempre era bienvenida a mi casa, así que empezó a colarse por las rendijas que dejan las lamas de las persianas cuando no están cerradas por completo. Y una vez en el interior, la luz, vestida con el uniforme de la claridad, tiró con insistencia de mí. Tocaba levantarse ya, e iniciar un nuevo (¿nuevo?) día. Y eso hice, y transcurridas unas horas sin novedad, y teniendo en cuenta que el día de la semana que es hoy, lo que si tengo claro, es que voy a seguir eso tan conocido que dice: “En martes, ni te cases ni te embarques, ni de tu familia te apartes…”, por si acaso, no vaya a ser que lo digan por algo.

    Hoy he estado dándole vueltas a la cabeza, pensando a fondo, como hago otros muchos días, y he llegado a la conclusión, de que no quiero volver a caer en la trampa de volver la vista hacia atrás, para recordar cuando tan solo era un adolescente perdido en mis sueños, y la vida era una promesa, que todavía no había saltado por los aires, esparcida en miles de insignificantes partículas en forma de confeti de la frustración.

   Nada más levantarme me ha venido a la cabeza pensar, que es inevitable ver las heridas del pasado, porque las cicatrices están ahí, aunque afortunadamente bien cosidas, para que jamás vuelvan a sangrar.

   Ya es fin de semana, y en vez de preocuparme por salir a divertirme, hoy estoy un poco negativo, y pienso en que no tengo ni puñetera idea, de en qué momento me equivoqué de camino en mi vida, porque llevo tanto tiempo perdido, que si en algún momento de mi existencia, encuentro la dirección adecuada, es muy probable, que no me dé cuenta de ello, y pase de largo

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Y además de correr, también ejercicio permanente. Cuerpo y Mente en perfecto funcionamiento, y si la vida se pone brava, por lo menos que nos coja en plena forma.

    Empiezo la semana, y pienso que he de tomarme las cosas con calma, no quiero equivocarme, y que la precipitación me haga coger atajos, que al final me acaben llevando al desastre.

   Hay días para olvidar, y hoy es uno de ellos. Por eso, ahora que ha llegado la noche y me voy a meter en la cama, siento que tengo la imperiosa necesidad de apagar la luz cuanto antes, ya que mantenerla encendida, viene a ser como prolongar la duración de un mal día que necesito olvidar cuanto antes.

   Si ayer fue negro, hoy es todo lo contrario. El blanco es el color del día. Pero esto dura, lo que dura. La “Montaña Rusa”, es lo que tiene, un sube y baja permanente. Tengo muy claro que el sol balsámico del verano acabará por enfriarse cuando se vaya agosto, y que el viento fresco del otoño comenzará a soplar en septiembre, y al final también sé, que el frío paralizante del invierno me helará los huesos y el espíritu, y que luego volverá la primavera, y así…

   Hoy he vuelto al campo, para volver a recordar lo estimulante que es levantarse con el canto del gallo, y agotarse durante todo el día, para luego dormirse con el canto de los grillos, aunque he de reconocer que no siempre esto me resulta atractivo. Hay que alternar unos días con otros, “entre col y col, una lechuga”.

   He visto la tele, un poco nada más. Los informativos se hacen en muchas ocasiones insoportables, cuando te das cuenta de la permanente hostilidad que rezuma el mundo y como el tiempo incansable, un día y otro, se comporta con crueldad con los más desfavorecidos de siempre, destrozando día tras día sus sueños y traicionando de forma permanente sus esperanzas. ¡Qué asco de planeta!

   Hoy no he salido de “copas”, aunque sea un día propicio para ello. He preferido quedarme en casa leyendo un buen libro. Además hace un frío ¡que te cagas!, y como la lectura estimula exageradamente mi imaginación, me he metido tan de lleno en la historia que he comenzado a leer, que tengo la sensación de estar envuelto por el aire de la noche, en el que se mezclan secretos inconfesables, crueldades de todo tipo, asesinatos sin resolver y una amplia gama de maldades, y aunque todo se encuentre dentro de una novela, nada hay que me sorprenda, pues la realidad en la que vivimos, supera con creces a la más imaginativa de las ficciones.

    He dormido bien, y me siento muy relajado. Pienso que me gustaría detener a mi antojo la velocidad de las cosas, y volver a ponerlas todas en movimiento, cuando el viento sople a mi favor, algo que no es imposible, aunque hoy parece improbable.

   Empiezo la semana un poco “profundo”, y a base de escarbar, pienso que mi vida se está convirtiendo poco a poco, en un mundo cerrado y muy pequeño, en el que me suelo pegar contra mí mismo, luchando por un raquítico territorio, creado a base de equivocaciones y una gran capacidad para la torpeza. Bueno, esto lo pienso hoy, mañana…, será otro día.

  De nuevo un sueño extraño, en el que me había convertido en un Faquir, y por lo visto muy profesional, pues me vi caminando sin inmutarme, por una larga alfombra de brasas ardientes y afilados cristales, que tan solo me producían cosquillas en los pies, incluso llegué a sentir un suave masaje relajante en las plantas, que me sentó estupendamente. ¡Qué cosa más raras tiene el cerebro!

   Hoy tengo la sensación de tener unos pensamientos tan alborotados, que más bien parecen periquitos enjaulados en mi cabeza.

  Me siento cansado de vivir tanto tiempo en la misma ciudad, además de que cada vez siento más la necesidad de estar cerca de la naturaleza, y alejarme de coches, contaminación, ruidos y barullos. No es solo una necesidad, es también un tema de salud, pues cada vez soy más consciente que el exceso de vida urbana, me suele provocar taquicardias sociales,

   Estoy algo alterado por cosas que pasan. A veces es imposible controlar la negatividad que te rodea, y en mi caso se manifiesta con cierta desesperación y algo de resentimiento con la vida, pero bueno, nada que se me escape de las manos y pueda llegar a descontrolarme en exceso. Espero que “la sangre no llegue al río”. Aunque no puedo evitar una sensación extraña en la que parece que mi alma, harta ya de tantas “subidas y bajadas”, se ha escondido en el lugar más oscuro y misterioso de mi cuerpo.   Hoy sigo ejerciendo de buceador, por eso me he sumergido bajo las profundas aguas de mi atormentado (no siempre, afortunadamente) pensamiento para hacerme esas preguntas, que casi nunca tienen respuesta, o alguien es capaz de responder a esto:

    ¿Es posible que algún día se apaguen todas las luces del mundo, y al mismo tiempo, todas las estrellas también dejen de brillar para siempre?

    ¿A que no tienes respuesta para ello?

    ¡Me lo temía!

     En fin, un día un poco espeso, como otros muchos.

   Acabo de levantarme, y no tengo resaca, por la sencilla razón, de qué ayer no salí de copas, como tantos otros sábados. Sin embargo, aunque he tenido un agradable despertar, de nuevo un día más he de enfrentarme a ese miedo absurdo generado por una amenaza invisible, que poco o nada tiene que ver con el horror real, que muchas veces se hace compañero inevitable de la vida diaria. En fin, cosas raras que se le pasan a uno por la cabeza, ¡menos mal, que los Gin Tonic, ni los olí!

   Me he pasado el día escuchando a Joaquín Sabina, y dicho sea de paso, nunca me canso de hacerlo, aunque a estas horas de la noche, he llegado a la conclusión de que siempre prefiero pasear por la avenida de las ilusiones posibles, que por el boulevard de los sueños rotos. ¡No se ofenda, maestro!

   Hoy llevo casi todo el día envuelto en una reconfortante calma. A diferencia de ayer no me apetece escuchar música, tan solo refugiarme en mis pensamientos disfrutando del silencio, ese lujo, que no está al alcance todos los seres humanos, más que nada porque son pocas las personas (yo no conozco a muchas), que no tienen la necesidad permanente de estar todo el tiempo hablando, excepto cuando duermen

La vida es una búsqueda permanente, aunque no siempre se encuentra aquello que se busca, es más, cuántos hay, que se han pasado la vida buscando, y al final no han encontrado nada.

La vida hasta el momento, no me preguntó muchas cosas, es decir, que mi opinión, ¡le importó tres cojones!, espero que a partir de ahora sea un poco más considerada.

La vida irreal, es aquella en la que se han quedado los que viven permanentemente anclados en el pasado, olvidan el presente y están excesivamente pendientes del futuro.

La vida no me preguntó dónde quería nacer, pero me ofrece la posibilidad de elegir donde quiero vivir, quizás, será por eso, que aunque soy un hombre del Norte, cada vez siento más la necesidad de vivir en el Sur.

 

Futuro, como mucho es mañana, y hay que aprovechar siempre la inmediatez de la llegada del día siguiente, eso hace que aumenten las probabilidades de que se haga realidad la “Lista de los Buenos Propósitos”, que basándonos en nuestros deseos hemos de llevar a cabo. Aunque mejor hacer caso a la sabiduría del refrán:

¡No dejes para mañana, lo que puedas hacer hoy!

Y a partir de ahí, lo que hayamos disfrutado, es algo que nadie nos podrá arrebatar

¡Qué nos quiten lo bailao!

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